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EL CIELO

23

La Forma del Cielo y de cómo ésta determina las afiliaciones y las comunicaciones allá

200. Cual y como es la forma del cielo puede en alguna medida constar por lo que queda expuesto en el precedente artículo; sea que el cielo es el mismo en grande y en pequeño (n. 72); por consiguiente que cada sociedad es cielo en menor forma y cada ángel en mínima forma (n. 51-58). Que así como todo el cielo representa a un solo hombre, así cada sociedad del cielo representa a un hombre en menor forma y cada ángel en mínima forma (n. 59-77). Que en el medio se hallan los más sabios, y alrededor hasta los bordes los menos sabios, siendo esto así en cada sociedad (n. 43). Que del oriente al occidente en el cielo habitan los que se hallan en el bien del amor, y del mediodía al septentrión los que se hallan en verdades por el bien; lo mismo en cada sociedad (n. 148, 149). Todas estas cosas se hallan según la forma del cielo, por lo cual se puede por ellas saber cual es su forma en general.

201. Importa saber cual es la forma del cielo, puesto que no tan sólo se arreglan según ella todas las sociedades, sino que también según ella se verifica toda comunicación; y verificándose así toda comunicación, se verifica también así toda extensión de pensamientos y de inclinaciones, por consiguiente toda inteligencia y sabiduría de los ángeles. De ahí viene que tanto como uno se halla en la forma del cielo, es decir tanto como es forma del cielo, tanto es sabio. Decir hallarse en la forma del cielo o en él orden del cielo, es lo mismo, puesto que la forma de cada cosa viene del orden y se halla según el mismo.

 202. Aquí se dirá primero algo de lo que es hallarse en la forma del cielo. El nombre es criado a la imagen del cielo y a la imagen del mundo; su interior a la imagen del cielo, y su exterior a la imagen del mundo (véase arriba, n. 57). Decir a la imagen equivale a decir según la forma. Pero puesto que el hombre por los males de su voluntad y de ahí por las falsedades del pensamiento, ha destruido en sí la imagen del cielo, o sea la forma del mismo, y en su lugar introducido la imagen y la forma del infierno, se halla su interior cerrado desde la hora de nacer, siendo esto la causa de que el hombre, diferentemente de todo género de animal, nace en completa ignorancia: pero a fin de que le sea restaurado la imagen o la forma del cielo, ha de ser instruido en las cosas que pertenecen al orden, porque, como arriba queda dicho, según el orden es la forma. El Verbo contiene todas las leyes del Divino orden, porque las leyes del Divino orden son los preceptos que en ella se hallan; por consiguiente, tanto como el hombre los conoce y vive según ellos tanto es abierto su interior, y allí de nuevo formado el orden o la imagen del cielo. Consta por esto lo que es hallarse en la forma del cielo, sea que es vivir conforme los preceptos que se encuentran en el Verbo.

203. Tanto como se halla uno en la forma del cielo tanto está en el cielo, y tanto es asimismo cielo en mínima forma (n. 57); tanto se halla por consiguiente en inteligencia y sabiduría, porque, según queda dicho arriba, todo pensamiento que pertenece a su entendimiento, y toda inclinación que pertenece a su voluntad, se extienden en el cielo hacia todas partes según su forma y tiene, de maravillosa manera, comunicación con las sociedades que hay allí, y estas a su vez con él. Algunos creen que los pensamientos y las inclinaciones no se extienden en efecto alrededor de ellos, sino que se hallan dentro de ellos, por la causa de que ven lo que piensan dentro de sí, y no como a una distancia; pero se engañan mucho, porque así como la vista del ojo tiene extensión a objetos lejanos y es afectado según el orden de los objetos que observa en la extensión, así también su vista interior, que es la inteligencia, tiene extensión por el mundo espiritual, por más que no se apercibe de esto, por la causa que arriba se ha dicho (n. 196). La diferencia es tan sólo que la vista del ojo es afectada de un modo natural, puesto que es afectada por las cosas que hay en el mundo natural; pero la vista del entendimiento es afectada de un modo espiritual, puesto que es afectada por las cosas que hay en el mundo espiritual, las cuales todas se refieren al bien y a la verdad; la razón por la cual el hombre ignora que esto es así es que no sabe que hay luz alguna que ilumina el entendimiento, siendo sin embargo así, que el hombre, sin una luz que ilumine el entendimiento, nada absolutamente puede pensar acerca de esta luz (véase arriba, n. 126-132). Hubo cierto espíritu que creía, él también, que pensaba de y por sí mismo, así pues sin extensión alrededor de sí y por consiguiente sin comunicación con las sociedades fuera de él. a fin de que conociere que se hallaba en lo falso le fue interrumpida la comunicación con las sociedades mas próximas. En consecuencia de esto no tan solo quedó privado de la facultad de pensar, sino que cayó como exánime, agitando sin embargo los brazos como un niño recién nacido. A los pocos momentos la comunicación le fue restablecida, y a medida que iba restableciéndose, volvía gradualmente al estado de su pensamiento. Otros espíritus, que vieron esto reconocieron luego que todo pensamiento é inclinación influyen con arreglo a la comunicación, y puesto que influyen todo pensamiento y toda inclinación, influye también cuanto pertenece a la vida, considerando que la vida del hombre consiste toda ella en que puede pensar é inclinarse, o lo que es lo mismo, en que puede entender y querer.

204. Pero conviene a saber que la inteligencia y sabiduría en cada uno varia con arreglo a la comunicación. Aquellos cuya inteligencia y sabiduría se halla formada por verdades y bienes genuinos tienen comunicación con las sociedades según la forma del cielo; otros, cuya inteligencia y sabiduría no están formadas por verdades y bienes genuinos, sin embargo por tales que concuerdan, tienen comunicación fluctuante y de irregular coherencia, porque no la tienen con las sociedades por el orden sucesivo en el cual se halla la forma del cielo. Por otra parte, aquellos que no se hallan en inteligencia y sabiduría, puesto que se hallan en mentiras por el mal, tienen comunicación con las sociedades del infierno. La extensión está con arreglo a la cuantía de confirmaciones. Conviene a saber además que aquella comunicación con las sociedades no es una comunicación con ellas de manifiesta percepción para los que están allí, sino una comunicación con la calidad, en que se hallan y que procede de ellos.

205. Todos en el cielo se hallan asociados con arreglo a afinidades, que son afinidades del bien y de la verdad en su orden; así es en el cielo entero, en cada sociedad y en cada casa; de allí viene el que los ángeles que se hallan en similar bien y verdad se conocen como se conocen consanguíneos y parientes en la tierra, bajo todos puntos de vista, como conocidos de infancia. Del mismo modo se hallan asociados los bienes y las verdades que forman la sabiduría é inteligencia en cada uno de los ángeles; de esta misma manera se conocen, y conforme el conocimiento se establecen los vínculos. Por lo cual aquellos en quienes el bien y la verdad se hallan unidos con arreglo a las formas del cielo ven las consecuencias de las causas en series y en un ancho círculo alrededor de ellos, como forman coherencia. Cosa diferente acontece con aquellos en quienes el bien y la verdad no se hallan unidos según la forma del cielo.

206. Tal es, en cada cielo, la forma según la cual tiene lugar la comunicación y la extensión del pensamiento y de la inclinación de los ángeles, es decir, según la cual hay en ellos inteligencia y sabiduría; pero la comunicación es distinta según los cielos, es decir la del tercero o íntimo con el segundo o intermedio es distinta de la de este, y aquel con el primero o sea el último. La comunicación entre los cielos no debe, sin embargo, llamarse comunicación, sino influjo; acerca de este influjo se dirá ahora algo.

207. Que entre cielo y cielo no hay comunicación, sino influjo, puede ser claro por la situación de ellos entre sí. El tercer cielo, o sea el íntimo, se halla encima; el segundo, o sea el intermedio, está debajo; y el primero, o sea el último, está aún más bajo. De igual manera las sociedades en cada cielo, es decir, que viven como quienes viven en elevados lugares parecidos a montes (n. 188); en su parte más alta viven los que son del íntimo cielo; en la parte menos elevada, los que son del segundo; todavía más bajo, los que son del último, y así en todas partes tanto en lugares elevados cuanto en lugares no elevados. Una sociedad de un cielo superior no tiene comunicación con otra sociedad de un cielo inferior, más que por correspondencias (véase arriba, n. 100); y la comunicación mediante correspondencias es lo que se llama influjo.

208. La conjunción de un cielo con otro cielo o de una sociedad de uno de los cielos con una sociedad de otro de ellos, se verifica por el Señor sólo mediante influjo inmediato y mediato; por influjo inmediato de sí mismo y por influjo mediato por conducto de los cielos superiores, por su orden en los inferiores.1 Puesto que la conjunción de los cielos mediante influjo viene del Señor sólo, se evita en lo extremo el que algún ángel de un cielo superior mire hacia abajo en una sociedad de un cielo inferior y hable con alguien allí: tan pronto como esto sucede pierde su inteligencia y sabiduría. Se dirá también la causa: Cada ángel tiene tres grados de vida, así como hay tres grados de cielo. En los que están en el íntimo cielo se halla abierto el tercero o sea íntimo grado, estando cerrados el primero y segundo: en los que están en el cielo intermedio, el segundo grado está abierto, hallándose cerrados el primero y tercero, y en los que están en el último cielo se halla abierto el primer grado y cerrados el segundo y el tercero; por consiguiente, tan pronto como un ángel del tercer cielo mire abajo en una sociedad del segundo cielo y hable con alguien allí, su tercer grado se cierra, y después de cerrado este se encuentra privado de su sabiduría, porque en el tercer grado reside su sabiduría, y ninguna tiene en el segundo ni en el primero. Esto es lo que significan las palabras del Señor en Mateo:

Él que sobre el terrado no descienda a tomar algo de su casa, y él que en el campo no vuelva atrás a tomar sus vestidos (24: 17, 18).

Y en Lucas:

En aquel día él que estuviere en el terrado y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas, y él que en el campo asimismo no vuelva atrás; acordaos de la mujer de Lot (17: 31, 32).

209. Influjo de los cielos inferiores en los superiores no tiene lugar, siendo esto en contra del orden, sino de los cielos superiores en los inferiores. La sabiduría de los ángeles de un cielo superior excede también a la sabiduría de los ángeles de un cielo inferior como la miríada excede a uno; lo cual también es una causa de que los ángeles de un cielo inferior no pueden hablar con los ángeles de un cielo superior; y tanto es así que si miran allí no los ven; el cielo superior les parece una neblina encima de la cabeza: los ángeles de un cielo superior pueden por lo demás, ver a los que están en un cielo inferior, pero no es permitido entrar en conversación con ellos, sino con la perdida de su sabiduría, como queda dicho arriba.

210. Los pensamientos y las inclinaciones, así como las conversaciones, de los ángeles del intimo cielo nunca se perciben en el intermedio cielo, puesto que tanto trascienden, pero cuando place al Señor se manifiestan como flamante fulgor en los cielos inferiores, y los del cielo intermedio se manifiestan como brillante resplandor en el último cielo, a veces como una nube blanca reluciente, de diversos colores; por esta nube, por su elevación, su descenso y forma saben asimismo poco más o menos lo que hablan en el cielo superior.

211. Por esto puede ser claro cual es la forma del cielo; es decir que en el íntimo cielo es más perfecta; en el intermedio cielo también perfecta, pero menos, y en el último cielo aún menos; asimismo que la forma de uno de los cielos subsiste mediante la de otro por influjo del Señor. Pero no se puede concebir como es la comunicación por influjo, si no se sabe como son los grados de altitud, y cual es la diferencia entre estos grados y los grados de longitud y latitud. (Cuales y como son aquellos y estos se puede ver, n. 38.)

212. La forma especial del cielo y su manera de obrar y fluir es incomprensible hasta a los ángeles. Algo de ella puede comprenderse por la forma de lo que existe en el cuerpo humano, cuando es investigado y detenidamente examinado por un hombre entendido y sabio, porque arriba en su artículo ha sido manifestado que el cielo en su totalidad representa a un solo hombre (véase n. 59, 72); y que todas las cosas que hay en el hombre corresponden a los cielos (n. 87, 102). Cuan incomprensible é inexplicable es aquella forma, consta también por las fibras nerviosas, de los cuales se componen los órganos todos y cada uno en particular. El aspecto de estas fibras, como se hallan entretejidos en el cerebro y como obran en él ni puede verse por el ojo, porque innumerables fibras se hallan allí combinados de tal manera que, vistas en conjunto, parecen una masa blanda, continua; sin embargo, todo cuanto pertenece a la voluntad y al entendimiento, hasta su más mínimo detalle, influye por conducto de ellas distintamente en estos. De que manera estas fibras vuelven a juntarse en el cuerpo se ve por diversos plexos, como el del corazón, el del mesenterio y otros, y asimismo por los nudos que se llaman ganglios, en los cuales entran fibras de varias regiones, entremezclándose allí, y, combinadas de nueva manera, salen para sus funciones, repitiéndose esto varias veces. Además hay varias otras cosas parecidas en cada víscera, miembro, órgano y músculo. Él que con ojo sabio examina estas fibras y varias otras cosas maravillosas allí, quedará atónito, y, sin embargo, son tan pocas las cosas que ve con los ojos; las que no ve son aún más maravillosas, porque se hallan en la íntima naturaleza. Esta es precisamente la forma que corresponde a todas las cosas del cielo, lo cual se ve manifiestamente por la operación de todas las cosas de la voluntad y del entendimiento dentro de la misma y con arreglo a la misma; porque todo cuanto el hombre quiere lo expresa por conducto de ella espontáneamente en acto, y todo cuanto piensa recorre las fibras desde sus principios hasta cerca de sus terminaciones, donde se hallan los sentidos exteriores; y, puesto que es la forma del pensamiento y de la voluntad, es también la forma de la inteligencia y de la sabiduría. Esta forma es la que corresponde a la forma del cielo y por ella puede saberse cual es la forma según la cual se extienden las inclinaciones y pensamientos de los ángeles, y que estos se hallan en inteligencia y sabiduría tanto como se hallan en esta forma. Que la forma del cielo viene de la Divina Humanidad del Señor se puede ver arriba (n. 78-86). Estas cosas quedan referidas con el fin de que se sepa también que la forma celestial es tal que jamás puede ser agotada, ni siquiera en cuanto a sus principios, siendo así incomprensible también a los ángeles, como hemos dicho antes.

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